«Lo que sólo hubiera debido ser otra inocente partida de ajedrez acaba con una revelación devastadora: la de los sucesos que llevan atormentando la conciencia de Jaime de Burgos desde hace años. Todo comenzó por su final: en un momento en el que el vacío se había apoderado de sus entrañas, Jaime decide acabar con su vida con un último viaje, en el que hará todo lo que no ha hecho nunca hasta acabar con todo su dinero. Luego, adiós. Sin embargo, cuando está a punto de cumplir con su objetivo y acabar con su vida, el destino y una descabellada apuesta le conducen a una cadena de acontecimientos de los que se verá incapaz de escapar.»
En esta novela se aprecia, sin duda una excelente calidad expresiva, que a menudo desemboca en el abuso de ornamentos y flores, convirtiendo algunas descripciones y conceptos en un estilo más allá de lo legible, rozando casi un inconsciente barroquismo. Sin embargo, este pequeño defecto no quita la existencia de una enriquecida visión de la ciudad de Florencia, que atrae al lector a una visita guiada, y en la cual el autor contrasta la Florencia nocturna y oscura, en la que pierde sus pasos para alejarse de sus propios temores, y la Florencia de día, llena de colores y matices, y que sume al narrador y aún al propio espectador de la obra en una paz y tranquilidad inmediata. En cuanto al argumento, el cambio constantemente variable de la personalidad del protagonista, sugiere, a lo largo de la obra, la aparición de tres personajes totalmente distintos: el Jaime suicida, que se muestra al principio y al final de la obra, con unos rasgos miserables y muy pocas ganas de vivir, con una necesidad persistente de huir, escapar y dejar atrás sus problemas, que le llevan a aislarse en Florencia y, según deja ver un supuesto argumento que continuaría con la historia, también le incita a abandonar la ciudad tras las su cruce con Floria; el Jaime enamorado, alegre y apasionado; y, por último el Jaime asesino, que aparece brevemente después de la apuesta de ajedrez, y que transforma al propio protagonista en un ser frío y letal. Así, de estos tres alter ego, sacamos en conclusión un cuarto Jaime, el arrepentido, el original, el narrador de la historia y el que entrelaza unos y otros giros de argumento.
Sin duda, 'Sonata para perdedores' reúne todas las aristas de un ensayo sobre el equilibrio entre la vida y la muerte, la fragilidad de la primera y la letalidad de la segunda, así como un tópico tan desarrollado como el tempus fugit. A pesar de ello, surge la duda de si realmente el trasfondo filosófico nace de la historia, los pensamientos del protagonista y el entresijo de decisiones que se ve obligado a tomar; o, sin embargo es la historia la que nace de una linea argumental basada en la verdadera visión de J. M. Campillo sobre la muerte y las consecuencias que deja nuestra huella en el mundo.
Con unos claros tintes autobiográficos, se vislumbran rasgos del propio autor en Jaime, una persona reflexiva, serena y que sin embargo se arrepiente de haberse enamorado, y me aventuro a afirmar esto porque he tenido la suerte de conocer personalmente a Jose Manuel, profesor gracias cual me inicié en algunos campos de mi propia escritura que ni siquera yo conocía.
Pequeña gran novela, con una lectura que mantiene en vilo, te atrapa y fascina. Imprescindible en una completa biblioteca filosófica y dramática.
Hola Álvaro!
ResponderEliminarMuchas gracias por tu comentario en mi blog :)
Tienes dos blogs no? Te sigo y así cuando tenga un ratito te leeré.
Gracias de nuevo y que te vaya todo genial.
Un beso